lunes, 16 de septiembre de 2013

EL ARBOL DE HUGO




EL ARBOL DE HUGO 


Costaba un guaraní subir al árbol de Hugo. Una fortuna. Una estafa dirían incluso algunos en el barrio. Pero - que querés- Hugo lo supo "vender"; instaló en lo alto de su copa una plataforma de restos de embalaje e incluso el asiento y el respaldar de dos sillas-cables viejas y abandonadas en el patio de su casa. El aguacate gigante era portentoso y robusto.

Un día al salir de la escuela Hugo se metió en medio de los chicos que volvíamos del 2do grado y nos hizo el comentario. " Si se suben a la punta de mi aguacate se puede ver el arroyo, una parte del circo, media cancha del club y a Maria Elisita, la hija de doña Magna cuando se baña desnuda en su piscina." En el camino se regreso le sacamos muchos datos mas sobre el prodigioso árbol y las circunstancias que se observaban desde su cima.

De hecho, caía de maduro - nunca mejor expresado- que los domingos iríamos a verlo al club jugando con su equipo de primera, fundamentalmente en el segundo tiempo cuando atacaba sobre el arco norte que era el sector que se podía ver desde el árbol de Hugo.

El tema del circo era una cuestión coyuntural, pasajero, se iría la próxima semana del pueblo, lo del arroyo un paisajismo para gente grande; pero, eso sí, el tema de Maria Elsita bañandose desnuda en su piscina parecía groso y fue el tema de las repreguntas durante el regreso.

- Seee, aseguraba Hugo, entre las 4 y las 5 siempre se larga. Bueno, a veces con biquini, atenuó.

- Esigual... - dijo Jacinto que era el mas reposado del grupo, frotándose las manos.

Duró todo el verano ese prospero negocio de Hugo. Todas las tardes recibía una veintena de chicos que tenían una sola imposición, permanecer en silencio allá arriba, no importa que vieran. De hecho- Hugo me explicaría 40 años después - la confidencialidad era la piedra fundamental de ese child-business.
Decía que hizo mucha plata Hugo, ese verano: los chicos llegaban temprano, tipo 2 de la tarde y había una larga fila esperando los gloriosos 30 minutos de estar arriba. Hugo le pillo la vuelta enseguida y entre las 4 y las 5 elevó la tarifa a 2 guaraníes, lo cual generó mucho enojo- justo por cierto- en tanto ello suponía dejar de consumir alimento alguno en el recreo de la mañana, sin que los padres tuvieran información de este sacrificio.
Jamás se pudo ver a Maria Elsita desnuda en la piscina, alguna que otra vez si con una malla "enteriza", que le llamaban, rosada y a motitas rojas, que se recuerde.
..

Lo encontré a HUGO, hace poco, en un exclusivo cafe del Shopping. Yo iba por unos discos y lo encontré sentado, con un cafe y un diario financiero a medio leer.

Hugo! sos hugo?, le dije. ¡Pascualito! ¡Querido! - respondió y nos sentamos juntos a compartir un Juan Valdez.

Pasaron cuatro décadas. Cuando intenté burlarme de su negocio de explotación de la avidez y la curiosidad infantil, este próspero empresario de la construcción - dueño en la actualidad de gigantescos edificios de departamentos - instaló su dedo indice frente a sus labios y me pidió silencio con una sonrisa cómplice.

- Ahora te presentó a mi mujer, me lleva unos años, es lo mejor que me pasó en la vida - dijo y llamó a un hermosa dama que volvía con bolsas de compras, la que se acercó a nuestra mesa con una afabilidad que parecía innata.
- Ella es Maria Elsita, te acordas de Maria Elsita, nuestra vecina? -dijo el desgraciado de Hugo.
- Como no me voy a recordar - atinè a decir.

sábado, 7 de septiembre de 2013

El amargo fin de “Anguja tutú”




El amargo fin de “Anguja tutú”

O Las Multitudes siempre son exitistas

El tio Piringo tenía labia para las sentencias. No la pegaba una al tratar de aplicarlas, pero- quizás fruto de su afecto por las fábulas de Esopo- terminó siendo un surtidor de pensamientos, citas y frases de oportunidad que, lamentablemente, él no era diestro para aplicarlas, oportunamente.

Aquel domingo, por ejemplo, al salir del templo, cuando Don Quintana- traje blanco de brin de hilo y  señora aferrada al brazo- dijo en voz alta: “Que culta y mesurada ha sido la homilía del Padre Waldimiro”, se le escuchó responder al tio Piringo desde atrás.. “ Así es Don Quintana, las multitudes siempre son exitistas”. O sea, eran lindos sus asertos pero nunca le embocaba en su oportunidad.

De cualquier manera lo de las multitudes que siempre son exitistas es lo que me hizo recordar hoy aquel luctuoso suceso del año dos mil cuatro, cuando la eliminatoria de la Copa del Mundo “Albania 2.005”.

Nuestra selección atravesaba muy buen momento, desde el mundial anterior, en Bolivia, donde se llegó a un meritorio “cuarto de final”, la tricolor solo cosechaba éxitos en amistosos y encuentros asignados a “la fecha Fifa”.

Lo cierto es que estábamos henchidos del orgullo y en las calles, en los talleres, en las escuelas, la gente, los niños, los trabajadores, incluso en los cuarteles,  repetían el nombre del onceno paraguayo con la misma fluidez como se citaba la tabla de tres o se cantaba el Himno: Pedotti, en el arco,  Peralta, el “Foiza” Saucedo, Mendieta y “Moringa” Somoza,  Juan Bautista “El Machimbre” Riveros, Pedro Azcona y  Gamón,  adelante- la delantera de oro- Soljancic, Bonjanovich y Cusmanich,  buenos chicos que recalaron en el  país hacía ya dos años, al parecer disconformes con el manejo de ciertos temas de seguridad en su natal Croacia y que - con muy buen criterio- fueron nacionalizados  y puestos al servicio de la tricolor.

Fue un año antes de la eliminatoria cuando se decidió, desde el propio Ministerio de Deportes, convocar a un gran concurso nacional para determinar una mascota que fuera representativa del ser nacional, aclarando un sabio inciso, que “ cuando nos referimos a “ser” no solo aludimos a personas, sino también a plantas y animales”. Lo cual para el gusto de la Sociedad Minerológica del Paraguay excluía injustamente a las piedras. Reclamo que sin embargo fue tibio y finalmente consumido por el entusiasmo del concurso.

Veinte días después, un grupo de personas de importante capacidad intelectual (al que finamente sumaron dos periodistas por una cuestión de visibilidad) se reunió en la Casona Alfano para determinar, de entre todas las opciones plateadas por las 456.986 propuestas remitidas por la ciudadanía, un ser, preferentemente animal, que represente dignamente como mascota a nuestra selección.

En un gesto que no se olvida hasta hoy,  durante los tres días del conclave el tentempié de mediamañana era una gentileza de empanadas Areco y un conocido dirigente deportivo, que incluso luego se postularìa para Presidente, donó sus reconocidas gaseosas para que los asambleístas no pasaran ni hambre ni sed. La tarde del viernes se anunció al país que la mascota seria un animal de origen prehistórico que seguía presente en el campo, fundamentalmente en el sur del país, en la Argentina y en Chile, conocido en tales lares como el Tucu Tucos y aquí como el popular “Anguja tutú”

De inmediato se abrió el segundo sobre, que contenía el nombre de los postulantes a calzar el uniforme de mascota oficial y resultó ganador un mozo del Barrio Trinidad, hijo de un presidente de subseccional y por cierto con preparación técnica como mecànico dental , de nombre Reinaldo Lenguaza.

De una Talabarteria de Zeballos Cuè vino la oferta de elaboración del traje, que se aceptó conociendo la calidad del Talabartero Ortiz en la producción de monturas y cuerdas de arreos para las artes de equitación.  No demoró dos semanas y el traje estaba hecho.

El uniforme de Anguja tutù era..pintoresco…por ponerle una valoración. Exigía mucho sacrificio de su portador, porque como era de cuero, por consiguiente rígido, tapizado con pelo de carpincho, obligaba a Lenguaza a permanecer arrodillado todo el tiempo y a caminar de a cuatro patas. Hacia calor adentro y tenia un problema adicional, no se veía nada, salvo el suelo. O sea, caerse no se iba a caer, pero era imposible que ubicado en la gradería pudiera alzar la cabeza para ver el partido.

Para encontrar una solución, el Gordo Mereles, un técnico de radio, instaló un receptor al interior del traje, con lo cual, Lenguaza podía escuchar el partido y hacer unas piruetas cada vez que el equipo convirtiera un gol o la hinchada produjera la ola. Igual, era muy sacrificado.

 Conste que hubo quejas de la gente malintencionada de siempre - que no puede ver a la gente trabajar-  que lo acuso de Lenguaza de zoquetero por cobrar un sueldo mínimo del Ministerio de Deportes por ese trabajo. Incluso se discutió por las redes si operar el traje del Anguja Tutu era un trabajo técnico o político, discusión que se disipó al tercer día porque era vísperas del primer juego de las eliminatorias de nuestra selección.

El domingo amaneció radiante, el estadio era una fiesta, el juego contra Trinidad y Tobago parecía fácil, incluso hubo rumores que el equipo visitante tenia ciertas falencias técnicas importantes para la pràctica del futbol.  Un cronista que ingresó al ensayo visitante simulando ser cortador de césped asegura que el técnico reunió a los jugadores- morochones todos - e iba señalándoles con el dedo e identificando en voz alta sitios de la cancha:  ¡ arrrrco!! , ¡ Linea del meeeedio!, Banderín del corner!, cosa que algunos creen que fue un invento mas del cronista fisgón.





Cuarenta mil almas colmaban el Estadio Paulinho Filho Guimaraens, estadio donado por la Cámara de Productores de Soja a la Liga Nacional de Futbol. Padres y niños flameaban sus banderitas tricolores, una banda de músicos animaba con canciones patrióticas y el nieto del hombre de Goma, conocido como Gomita elástica,  hacia de saltimbanqui y contorsionista en el medio del césped inmensamente verde.  A las 3 de la tarde ingresó la terna arbitral, los Jamaiquinos Tramaine Austin,  Jermaine Dayle  y Peter Dick. Fueron recibidos como era de esperar por la siempre entusiasta y honesta hinchada nacional: con un estruendoso chiflido.

Minutos después saltó a la cancha el cuadro de Trinidad y Tobago y de inmediato entró la tricolor lo que motivó una explosión de jubilo en las gradas. Cuando se formaron los equipos, y un poco antes de la entonación de los himnos, por los altoparlantes se presentò a la mascota oficial del equipo nacional, el ya popular ANGUJA TUTÚ.
Aplausos, vitores, emociones para el bicho marrón, tieso, pelos de carpincho; que reposaba al pie del palco, casi sin expresión, salvo una banderita tricolor que lograba sacar de la manga derecha, agitándola intensamente, y unos movimientos de izquierda a derecha. Igual gustaba. Igual emocionaba. La gente amaba a su mascota nacional.

A los 14 minutos se produjo una ocasión clara de gol para el combinado nacional, que fue desaprovechada por el Machimbre Riveros. Increiblemente los delanteros paraguacroatas estaban perdidos ese día. Estaban como en otro país.  A los 25 minutos, un tiro libre desde la cabecera del área produjo el primer golpe letal, golazo de Trinidad y Tobago. A los 43 minutos, cuando la esperanza era que el descanso del juego sirviera para replantear las estrategias, otro balonazo con pelota parada y el segundo gol de los morochos.

En el entretiempo la hinchada alentò a la escuadra nacional incluyendo a su mascota en el verso de las artes animatorias. “ Aqui vino aquí està/ la hinchada del angujá” decían incansables las 40 mil gargantas. De nada sirvió . El equipo no solo no se repuso en el segundo tiempo sino estuvo peor. Cinco a cero fue la cifra final de aquel triste domingo del debut.

Fue entre el martes y el miércoles que surgió la versión, casi como un gesto descuidado, sin intención de instalar nada, pero anduvo rondando casi como una chanza inofensiva, aquello que el “Anguja tutu” era mufa. Sin embargo no paso a mayores.

Quince días después, el partido con Bolivia no fue mejor, fue peor. Caímos tres a cero, y pese a que hubo un culpable claro: la altura, ya empezó a generarse lo que llamaría una corriente de opinión en relación a la coincidencia de la presencia del Angujà Tutù en las gradas del Estadio “ Zenon Banzer” de la Paz.

La semana siguiente el partido fue de nuevo en Asunciòn y pese a los aplausos,      -algunos dirían apagados - con que se recibió la presencia de la mascota de la selección en el Estadio de Asunciòn,  el entusiasmo fue decreciendo con el correr de los minutos y el agitar de las redes locales con los goles del rival: Argentina, que nos calzò cuatro goles ya en el primer tiempo.

Luego vino la debacle frente a Peru, la otra derrota, muy dolorosa frente a Grenada, la caída frente a Ecuador y el contundente revés frente a Brasil.  El mal humor general, la inminencia de la desclasificación del mundial, ya estaba francamente orientado hacia un fusible social claro: la mala suerte del Angujà tutù, cuya presencia era no solo cuestionada, sino abiertamente repudiada en los estadios donde la selección disputaba sus encuentros. Habia graffitis en todas las calles contra la mascota. Pasacalles incluso.

Nos quedaban dos juegos, de vida o muerte. El partido frente a Santa Cruz, que se había escindido deportivamente de Bolivia y el juego contra Alaska que ese año jugaba en la llave de América Latina por esos enjuagues que uno nunca alcanza a entender de la FIFA.

Asunciòn era un hervidero. En los programas de radio se amenazaba abiertamente al Anguja Tutu sobre que su sola aparición en el estadio provocaría su inmediato linchamiento.

La primera vez que la mascota no asistió, en toda la temporada fue en el encuentro contra Santa Cruz. La Albirroja no solo ganó, sino goleò, 5 a 1, y Asunciòn se tiño del color de la fiesta. Hubo festejos frente al Panteón y felices especulaciones sobre las posibilidades que se abrían de asistir al repechaje si perdía Venezuela en su juego del sábado y ganaba Paraguay en su encuentro del domingo frente a Alaska.

Durante la Semana, hubo incluso un discurso Presidencial de apoyo a la Selecciòn en el curso del cual el Presidente Rogelio Mauricio Regúnega hizo una clara alusión, en tono de advertencia sobre la necesidad que la ausencia del Anguja Tutu sea una especie de causa nacional. “hemos providenciado ante el Ministerio de deportes la inmediata cancelación del contrato de prestación de servicios del Anguja Tutù, para resguardar tan importante paso de nuestra querida tricolor” anunció el Presidente. El jefe de estado aumentò en 8puntos su popularidad esa semana, solo con tal discurso.

De hecho, cansado de los improperios y amenazas, Lenguaza no tenia el menor interés en asistir al estadio y eso estaba decidido. Sin embargo, la noche del sábado tras la caída de Venezuela y la apertura formal de una ventana de esperanza de clasificación hacia el repechaje, se le presentó una idea estupenda.

Iría al estadio, envolvería su disfraz en una gran bandera, con la colaboración de dos vecinos del Barrio y una vez que la victoria de la Selecciòn fuera irreversible, se calzaría el traje de cuero y lograría, de esta forma su histórica reivindicación.

Y asi fue. Como nadie lo conocía a cara descubierta, entró con tranquilidad acompañado de  sus vecinos Efraín y Federico. El estadio estaba colorido y repleto. Algunos hablaban de setenta mil personas y unas diez mil que quedaron sin poder ingresar. Habia pantallas gigantes por todas partes, en los talleres, en las iglesias, en los reservados.

Para los 20 minutos del primer tiempo la Selecciòn ya derrotaba dos a cero al onceno alaskeño. Algunos aseguraban que “los esquimales” como le llamaban los relatores deportivos , sufrían mucho el calor del verano paraguayo y así debía ser  porque había un constante desmayo de los carrileros contrarios.
El estadio se derrumbaba de la Alegría. Entre tanto Lenguaza vibraba como un aficionado màs en el estadio, pero a los treinta del segundo tiempo, cuando un relator mechaba el tema de su ausencia en términos de decir “ gracias Dios el Anjuja tutù es solo un mal recuerdo..”, algo le hizo un click, y fue cuando decidió que era momento de lavar su buen nombre.

Del montículo de tela de la bandera, retiró con la ayuda de sus vecinos el traje de Anguja Tutú. Los primeros espectadores del sector de plateas que advirtieron el operativo empezaron a alarmarse y a generar protestas.  Incluso un grupo que era rápido para los estribillos armò rápido una advertencia que empezó a instalarse en la garganta de cinco mil, luego diez mil personas de ese sector…

Anguja, anguja, la puta que te pariò
Te poné el traje de mierda
Y te colgamo del panteón…

A los 35 minutos el resultado ya era irreversible. Dos a cero mas viento a favor, mas la selección jugando como los dioses, no había nada que esperar. Era solo calzarse el traje y subir al carro del vencedor. “Para el pitazo final del arbitro se olvidarán del villano y el anguja volverá a ser el semi dios” , argumentò casi a los gritos a sus acompañantes.

Le ayudaron a calzarse el ridículo traje de cuero y en la medida en que el publico se disgustaba y ya le gritaban improperios desde todos los costados del estadio, sus amigos decidieron dejarlo solo. Allí,  quieto al pie de las sillas de la parte baja, con su banderita tricolor apenas saliendo y agitada en la mano derecha.

Anguja, Anguja, como no te soporto
La concha de tu madre
Sacate ya ese traje
O te rompemos el or…

Era el grito de ochenta mil personas.  ( se incluía a los de las pantallas gigantes)

A los 43 minutos hubo una muy mala noticia. Increiblemente descontò Alaska con un gol de mediacancha del carrilero Yakutat, cuyo único merito anterior era ser un buen cazador de nutrias en la Península de Valdez.
De inmediato todos los rostros giraron hacia esa cosa de cuero, con pelos de carpincho instalada en los bajos de la platea, ya no le cantaban improperios, sencillamente esas sesenta mil bocas babeaban ira.

No  fue lo peor. Lo peor pasó a los 47, tiempo de descuento. Primer córner para Alaska, centro de “Amizclero” Yakutat y cabeza de Vladimiro Bejarov , mítico centrodelantero de 52 años, rescatado de un lejano iglú del Estrecho de Bering, , y gol. E mpate de Alaska y fin de cualquier esperanza de llegar al mundial.

Aquello fue así:  Hubo un momento de silencio. Luego sucedió:  Un grupo de tres mil personas asaltaron el sitio donde se encontraba la mascota. Lo lanzaron por los aires hasta el escenario de juego. Unas diez mil que ingresó a la cancha destruyendo el alambrado perimetral, por el impulso de la furia irreprimible, lo hicieron rodar a patadas en una especie de vuelta olímpica alrededor de la cancha.
La barra brava aportó luego todos sus explosivos preparados para la segura victoria con lo cual hicieron una pira en cuya cima colocaron a la mascota con Lenguaza a bordo. Encendieron la mecha y el Anguja tutú y su tripulante volaron por los aires.

En  los bajos un puerto privado de Villeta,  24 horas después, rescataron algunos restos del Angujà tutú, aun humeantes.

Al día siguiente, cuando enseñaban en el canal 9 las imágenes tétricas de la mascota destrozada, el tío Piringo que al toque podría haber dicho aquello de las multitudes exitistas, sorbió un mate y dijo algo así como “el hombre se preocupa por los amaneceres como si el sol viviera en los calendarios..”

Y de nuevo nadie le entendió.-

miércoles, 4 de septiembre de 2013

"FELIPE PY COLÍ" O "EL COJO MARTINETTI"




"FELIPE PY COLÍ" O "EL COJO MARTINETTI"


Debo reconocer que aquella vez fui yo el que se opuso a la incorporación de Felipe Pycolí al equipo de primera. O sea, todo bien con que llegara a reserva, pero de ahí a ponerlo en primera me parecía una exageración. Solo que en ese campeonato del 86 nos tapó la boca.

Felipe Martinetti, tenia la pierna izquierda ostensiblemente mas breve que la derecha, lo cual le obligaba a una pronunciada cojera. Sin embargo era muy habilidoso con el balón, y justamente, con la pierna mas corta.
En rigor era una especie de reencarnación de Garrincha. Habilidoso, con un jogo bonito salpicado del humor negro de sus limitaciones. Cuando se hamacaba para la derecha, balón enfrente y luego se inclinaba para la izquierda producía en los mas recios defensas la sensación de hundimiento. Ese segundo de distracción era suficiente para que Felipe Pycolí ya estuviera des-enredando una pelota del fondo de las mallas.

El técnico rioplatense que contratamos ese año, Ramiro Guindez decía en su hablar porteño, “cuando corre Felipe se agarra todos los pozos, se agarra” en alusión a su cojera.

Es cierto que jodía un poco las burlas de la hinchada contraria pero a los 10 minutos con cinco piruetas y el gol servido en bandeja para el centrodelantero, “Toro Galeano” o alguno de su propia factura, Felipe Pycolí no solo conquistaba el clamor de su hinchada sino la admiración de los aficionados del cuadro oponente.

Para el año 85 su llegada a la reserva tenia un toque de canto de cisne porque en el club muchos nos oponíamos a que juegue en primera, mas por el pudor de no exponerlo a las burlas, pero al final pudo mas las exigencias del equipo que ese año – en su división de honor – no solo perdió todos los partidos sino sufrió una severa desafiliación de sus asociados, peor aun por el nacimiento del Deportivo Telares, constituido en una sección de la fabrica de tejidos del pueblo.

Aquel 86 fue un año inolvidable. Eran dos las incorporaciones mas llamativas. La del técnico, el porteño Guindez, “El Cuerito Guindez” para los amigos, plomero de profesión, caído en la comunidad en el año pasado con motivo de la construcción del sistema de aguas corrientes y, por supuesto, la inserción de Felipe Martinetti en la primera división.

Por abreviar el resumen, solo en la primera ronda, Felipe Pycolí convirtió 46 goles y produjo innumerables servicios, tantos que hasta el “Tronco Irala”, fornido defensor, incapaz de apuntar al arco iris, hizo un gol.

Si sus fintas eran galanas y por sobre todo desconcertantes en los domingos clásicos de sol, cuando llovía sus contorsiones eran aun mas letales, y sus centros ¡ sus centros!, eran como el medio relato de un gol.

A fines del 86, tras gestiones realizadas por el Cuerito Guindez ante amigos de barrio del Liniers de Buenos Aires se produjo su memorable transferencia al futbol porteño. En dos años estaba firme en la punta izquierda de Chacarita y todos en el pueblo escuchaban por Mitre el relato de los juegos del “Cojo Martinetti” que era como lo llamaban ahora.

Era un clásico semanal en el pueblo admirar las fotos oficiales que se toman los equipos antes de cada juego, que venían los jueves en "El Grafico", en donde se lo veía al “Cojo Martinetti” o Felipe Pycoli, siempre con el pie izquierdo parado sobre el balón, con esa sonrisa ganadora que jamás perdió.-

domingo, 18 de agosto de 2013

FRETES-I


Fretes-í

De chico lo conocimos así. Era retacón, había algo de rubio en los vestigios de su pelo espinado y siempre cortado a cero, como castigado por don Pereira el peluquero de la esquina. Fretes-í aquel que al saludarte te hincaba con el dedo entre las costillas hasta ocasionarte dolor, el que se animaba a tomar un sapo con las manos e introducírtelo, en un descuido, bajo el cuello de la camisa. El que siempre parecía enojado, a sus 10 años.

Era Fretes-í el que se hizo famoso por su animadversión con los payasos. Eran los tiempos en que se los empezaba a contratar para los cumpleaños infantiles y eso ponía muy felices a los niños del barrio. Pero lo de Fretes-í, no tenia nombre. Apenas empezaba la función y cuando “daba gusto”, allí cuando los payasos hacían el famoso numero de sacar chocolates del sombrero, era cuando irrumpía Fretes-í, con lo de siempre: les asestaba una certera patada en los testículos, che.

Al principio se pensó en el barrio que era un hecho aislado, pero en la medida en que pasaban los cumpleaños y los payasos, se repetía lo de Fretes-í: comenzaba confundido entre los demás chicos , aparentemente feliz con los pases mágicos y las ocurrencias de los payasos, y luego saltaba de improviso, y paf!, la patada.. allí.

Lo jodido era que los pobres payasos acusaban con bastante molestia y la natural paralización – conocida en guaraní como el efecto pyaká, intraducible al español- y algunos de ellos quedaban tendidos en el piso, como cuando los jugadores de futbol reciben un pelotazo en las partes bajas. Incluso, Francisquito, hijo del doctor Gamarra, que conocía algo parece, les ayudo en varias ocasiones, alzándoles las piernas hasta que se recuperaban. Interín los chicos se morían de la risa y Fretes-í, hacía lo de siempre, abandonaba el cumpleaños; algunos aseguran que preso de una enfermiza carcajada que recorría varias cuadras.

La cosa se había puesto muy seria ya, tanto que se había conformado por ese tiempo la ASOPACUMPLEPI ( Asociaciòn de Payasos de cumpleaños de Pilar) y su propio presidente, Desiderio Mario Martinez se llegó hasta la casa paterna de Fretes-í a denunciarlo con sus padres. Al final no pudo hacerlo con comodidad porque en el fondo de la sala se instalò Fretes-i y en la medida que Martinez relataba los hechos a sus padres, éste les enseñaba un dedo amenazante.

Como el chico reincidió varias veces más, ( lo del cumple de Marcio Chavez ya fue escandaloso porque al payaso Plin Plan Plun tuvieron que reanimarlo en urgencia de IPS), la ASOPACUMPLEPI decidió emitir un documento por el cual anunciaban que ya no trabajarían en cumpleaños donde asistiera Fretes-í, e incluso leyeron por Zp12 el comunicado, escrito por cierto en un tono respetuoso, casi comprensivo, quizás por tratarse de un menor, o quizás por el temor que éste ya había despertado en el gremio.


Hubo un intento, ahí, del mánager del Yunke Perez, el boxeador del pueblo, de poner a disposición de la ASOPACUMPLEPI un par de protectores de partes bajas de esos que se utilizan en las peleas, pero los nobles integrantes de esta asociación, todos payasos buena gente, gente seria de la comunidad, creían que este gesto solo serviría para asumir con normalidad lo que a todas luces parecía un gesto inapropiado de éste niño del Barrio Gral Díaz.


Se supo de varias intervenciones nuevas de Fretes-í, sin estar siquiera invitado, incluso con el recurso de ponerse un bonete de cartón y un bigote de plástico, para ingresar clandestinamente a los cumpleaños.

Finalmente la ASOPACUMPLEPI, cortó por lo sano y decidió suspender sus actuaciones en el Barrio General Díaz, aquel año, previo rechazo de una propuesta de la Policía de apostar a agentes de civil, y con pantalones cortos, en los cumpleaños para detectar a tiempo la presencia de Fretes-í.

La familia Fretes se mudó ese año a Asunciòn y no supimos mas de èl, hasta que este domingo lo encontré, en la Parroquia de la Sagrada Vendimia, 30 años después, en el momento en que me suministraba la comunión. Quise saludarlo, pero yo estaba con la lengua afuera y él muy serio en su rol de pa-í.-

miércoles, 7 de agosto de 2013

El cerro de Gabriel.



                          El cerro de Gabriel.




Nació allí. Vivió su vida de mitaí entre el pedregal, el viento sur y los árboles con copas inclinadas hacia el norte. Aún recordaba a algunos pobladores indígenas que subían a veces a cazar hasta la cintura del cerro, de relumbrones le volvían las memorias de dos o tres encuentros con aquellos hombros y mujeres recios, tan dueños del sitio, conversando con su padre y una vez discutiendo por ciertos hábitos de entrar sin permiso a la pequeña propiedad de la familia.

Ese cerro era el único mundo conocido por Gabriel. Nunca fue a la escuela, ni bajó a misa. Prefirió, tomar el hacha y la azada y asumir el viejo rol de labriego de su padre, muerto tan temprano, confundido por una expedición de Pastor Coronel con algún guerrillero escondido tras un frustrado atentado contra el dictador. Nunca se olvidó de aquella mañana de 1976. El golpeteo de una metralleta, la corrida entre los matorrales y los 10 policías de civil, mirando a su padre yerto, como un venado, con los ojos abiertos de muerto.

Pasaron muchos años. Murió su madre y sus hermanos fueron lejos, jamás le escribieron porque no podía leer. Vivia de la tierra, del maíz, la mandioca, el poroto, los pocos frutales. Las pocas provistas que necesitaba (y aun las pilas para su viejo transistor) era la paga que recibía por el permiso de caza de sus amigos de abajo que todos los fines de semana buscaban conejos, aves, lagartos.

La pequeña casa, que alguna vez fue de horcones de madera y paja, fue reemplazada hacía 20 años por paredes de piedra. Estaba en la cima, protegida por un abrazo de arboles viejos y una docena de robustos pinos que le trajeron unos agentes del ministerio de agricultura a principios de los 80. En los ventarrones del sur, al llegar el frío, o en las tormentas del norte  los fines de año,  esos arboles armaban una bulla inmensa, semejante a voces gigantescas que narraban todos los dolores del universo.

Frente a la casa había un limpiada de tierra negra donde en las siestas de invierno o en las tardecitas de verano, Gabriel se sentaba, con la jarra de aluminio baqueteada por el tiempo, a tomar su terere. Le encantaba mirar arriba y sentir como las cotorras traían sus noticias de la siesta en los añosos arboles oscuros, luego giraba el rostro hacia sus pinos donde no posaba ave alguna. Pensaba en la sabiduría de la naturaleza que bajaba sus aves en los arboles sin sonido, mientras los pinos, que quejaba sus troncos y aullaba sus ramas y sus hojas permanecía siempre desiertos de pájaros.

Un día de fines de los 90, llegaron estos jóvenes. Tomaban fotos y estaban felices de mirar el valle que se veía magnifico desde arriba. Le ofrecieron una paga por permitir que la gente pudiera llegar hasta la cima, y sentarse en bancos que pretendían instalar para mirar lontananza. ¿ Y me pagaran solo por mirar?, se pregunto Gabriel. Si, solo por mirar, le respondieron. ¿Pero seguro que no quieren también mandioca o zapallos de mi huerta?. Uno de los visitantes, le palmoteo el hombro y reitero: no, le pagaremos una entrada solo por permitir que la gente llegue a su casa y se siente a contemplar el valle desde arriba. Nosotros instalaremos bancos, unos baños y con eso basta.

Gabriel aceptó sin comprender aun la dimensión de la propuesta. En pocas semanas estaban instalados los bancos, los baños y la gente empezó a llegar. Llegaban los fines de semana. No eran muchos, gente respetuosa. Ni hacían fogatas ni cocinaban, solo llegaban a sentarse y contemplar. Al terminar le dejaban una paga y volvían.

Así siguió todo la primavera y el verano, y el otoño. Las visitas declinaron en invierno, no tanto por el frío como por las dificultades del camino mojado por las lloviznas de Julio.

Fue un domingo de esos, de soledad, cuando Gabriel, salió por primera vez a mirar su valle, en 40 años. Se sentó en el banco,  cerro los ojos, primero, para sentir aquellas fragancias  que una canción que escuchaba en la radio prometía en estos versos:

Oiméne hyakuã põrã
yvytu cerro-gui oúva
amambái ryakuã oguerúva
ka'aru ro'ysã põrã.

Luego abrió sus ojos y empezó a recorrer el mundo que se abría abajo, las ondulaciones de un caminito que subía donde él, los faldones verdes de arboles serios y praderas frescas en escalones hacia abajo, los pueblitos de pocas casas con sus rojos techos de teja,  las vacas, el arroyo lejos muy lejos con su agüita de cielo.
Fue cuando decidió que era tiempo de tomar ese camino, descubrir el mundo allá a sus pies, y , por sobre todo, ver como se ve su cerro, desde donde vive la gente.-


Augusto dos Santos
Incienso y choripán. Ag.13

martes, 6 de agosto de 2013

AMANTES




Amantes.

El relato social sobre el amor esta ahogado por un cruel y ancestral sentido de culpa .Se abroga un sentido criminalístico para invertir su mas bella palabra : “amantes” para el amor de una persona en matrimonio o noviazgo con una tercera persona, incursa o no en otro matrimonio o noviazgo, igualmente. Lo peor es que el “macarrismo moral” (Serrat dixit) opto por utilizar con sentido de sanción una palabra como “amantes” quizás con el miserable fin de condenar mucho mas el ejercicio del sentimiento que la relación “irregular” ( el entrecomillado deplora el tèrmino).

Con pocas luces por cierto, casi las de una chalupa en el mar, arroja un salvavidas de contradictorio sentido para etiquetarlos con el nombre de “amantes”; lo cual es torpe desde donde lo mires, porque a quien no le encantaría que dos chicos que solo se aman a ellos mismos ( y no con un tercero, diríamos) fueran también “amantes”, atendiendo que amantes es una bellísima expresión que define la dinámica del concepto raíz.

Una muchacha que estudia es una estudiante, un señor que vigila es un vigilante, porqué razón pues, el amar permitido, tanto como el prohibido, no provocaría la condición de amantes?. No puede ser uno el amante de su esposa?

Que quita, por ejemplo, que vos seas el amante de tu novia?. ¿qué sos entonces? No-amante?. "Pero que bien", - diría mi tía - el hombre que tiene el buen gusto de compartirla, y ella la dulzura de seguir los mandatos de la pasión del touch and go, suscitan ante si y per se, la condición social de amantes, mientras, vos que la amas y ella que también te ama, son…novios, relación, “si salimos”, “estamos juntos”, esposos.

Hipocresía, hipocresía, la rancia tinta del relato social.-

lunes, 5 de agosto de 2013

El hoyo de Puerto Esperanza.


El hoyo de Puerto Esperanza.



Puerto Esperanza era un pueblo ribereño, cuyo nombre figuraba en los libros de lectura porque era la cuna de la independencia. Mas que cuna. Era la cama, porque se sabe que allí fue que los próceres engañaron al representante del rey durante una partida de dados y le obligaron a firmar renuncia y manifiesto de independencia. Después de aquello, en 1803, nada, el pueblo no fue noticia nunca. Salvo a partir de este día que aquí se relata.

Todo empezó una madrugada cuando Toribio soñó con aquel tesoro. Toribio hablò durante el mate con su esposa Graciela. Graciela conversó con el vecino Leandro, Leandro le dijo que hable con su compadre Felipe que tenia “la maquina”.

A la tardecita Toribio estacionò su camioneta frente a la casa de Felipe. Toribio se dedicaba a los negocios de frontera y le iba bien. Hacía solo 4 años vendía yuyos frente a Aduanas y ahora era dueño de un supermercado, una casa de respuestos y una playa de autos “IquiqueCar”, todo gracias a sus habilidades en el paso fronterizo de mercaderías y su capacidad para el intercambio diplomático con los vistas de aduana de una y otra orilla.

En el mismo portón, fiel a su estilo pragmático revelò a Felipe su sueño. Soñé que el Mariscal enterró una carreta repleta de oro bajo el piso de la casa del Procer Gimenez, la relató, y he visto en detalles el tesoro y el lugar donde esta escondido.

Felipe, dueño de una desvencijada maquina detectora de metales de la década del 70, pero famoso por sus hazañas de recolector de cucharas, fusiles y botellas vacías en los campos de Curupayty, lo mirò con entusiasmo. Creía en los sueños. En rigor, su principal fuente de recursos era la quiniela.

-       Y hay que ver nomas ya don Toribio – respondió.

Toribio prometió hablar con el Intendente de Puerto Esperanza para poder acceder a la casa del Prócer Giménez, una residencia colonial, declarada patrimonio universal por la Unesco, donde no solo nació y vivió el héroe de la Independencia, Nacianceno de los Dioses Giménez y Mattos, sino porque se había detectado en el gran patio de la vivienda un árbol Baobob, una especie proveniente del Africa ecuatorial, declarada en riesgo de extinción y que los historiadores suponen fue sembrado por algún esclavo negro, quizás tras la proeza de transportar y sostener vivo su fruto y sus semillas. De hecho era el único de su especie en todo el continente y se calcula que para su altura actual debió transcurrir - cuanto menos -260 años.

El Intendente Mendieta lo recibió en su casa esa noche. Debió aguardarlo un rato porque la reunión con los dueños de casas de juego duró mas de lo previsto.

Conversaron un rato de política y luego fueron al grano, o al gramo. Le explicó su sueño y le conversó sobre la posibilidad de hacerse multimillonarios en un santiamén.
-       Mañana mismo hablo con mi Junta – anunció el intendente – “hay pue ahí un problemita , pero vyro rei es, por el tema de que es la casa del Prócer y el árbol que esta en el patio, pero vamos a poner nomas todo otra vez en su lugar cuando se termine , ajepa…”
-       Claaaaro…- respondió Toribio- aquí la comunidad es la que va a ganar Intendente, imaginate que le damos una parte ( podemos decir 50 por ciento) a la municipalidad y el resto para nosotros pues..
-       Nei katú – animò el Intendente – “ya le hablo al secretario para que redacte un pedido de permiso y vos le envias a tu técnico que vaye a verificar si hay metal allí…”

Al día siguiente el buscador Felipe ya empezaba su prospección con una maquina rara, que hacia ruidos por todas partes, con un comando parecido a una desmalezadora y extremidades arácnidas de cobre que imaginaba un todo parecido a los alienígenas buscados por los Hombres de Negro.

Para el mediodía se produjo el primer resultado positivo. La maquina hizo un silencio y después exclamò un sostenido pitido, distinto al resto de sus expresiones, justo debajo de la Mesa Libertaria. Este mueble donde – según el rescate histórico- el amanuense Diego Facundo Ginés de Saltiviejo había redactado el primer borrador de la proclama independentista; y donde, propiamente, se había leído y suscripto posteriormente la redacción oficial con la presencia del Obispo rebelde Jose Maria y Jesus Martinez Provenzal.

Para la tarde encontraron otras dos evidencias, una bajo el dintel de la puerta de acceso a la Capilla privada de la casa y otra, pucha, justo bajo el gigantesco baobob del patio.
-       Alli hay fácilmente, por el ruido de la maquina, cinco mil o cinco mil quinientos kilos de oro, nde barbaro … - aventuró el buscador en la tarde, durante un mate compartido con el empresario Toribio y el Intendente, sentados los tres en la trastienda del surtidor de bebidas del jefe comunal. Hay que moverse nomas ya –agregó.
-       Y que necesitamo – respondió servicial el intendente
-       Yo voy a poner toda la inversión – se anticipó Felipe- hay que meter maquinaria allí, una retroexcavadora, porque parece que el tesoro esta a 10 metros por ahí…
-       Avancemos – cortó el intendente.

En la sesión de la Honorable Junta Municipal, al día siguiente ( los jueves no se reunían pero el Intendente convocó a una extraordinaria para hablar con urgencia sobre la situación del asilo de ancianos) se diò entrada al tema.







Los concejales que fueron previamente conversados por el intendente, no tuvieron grandes reparos en aprobar la prospección por la importancia de “inyectar a las arcas municipales recursos para asistir a los pobladores mas carenciados de la comunidad”. Tampoco se puede decir que a la reunión le faltara rigor porque a renglón seguido presentaron al “Arqui” Leguiza, un conocido constructor del pueblo, que en los setenta había hecho el probatorio de Arquitectura, quien presento lo que llamaron un plan de contingencia arquitectónica.

Consistía en evaluar la posibilidad que la vivienda histórica sufriera algún tipo de desmoronamiento o su estructura sufriera algún deterioro; ante lo cual se desataría el operativo consistente en reemplazar la casa colonial por un “Chalet histórico” , diseño que surge de un número amarillento de la “Popular Housing” un catalogo de viviendas de suburbios de clase media en la California de los 60, que – vale aclarar – se exhibió en la sesión.

El concejal y dirigente deportivo Ricardo Hermosa fue el mas renuente, “atendiendo la importancia a nivel universal del sitio donde se desarrollara el operativo” dijo,  y pidió, que se tuviera en cuenta aislar durante el desarrollo de la búsqueda todo el mobiliario y los documentos de Casona histórica, para lo cual ofreció su solariega vivienda del Barrio Los Lirios, una urbanización coqueta, poblada de nuevos ricos.

A las 9 acabó la sesión con la suscripción del documento intitulado “ Todos por los pobres” , un compendio interesante de 398 páginas que traía todos los datos del Censo, el informe sobre desarrollo humano y el ultimo proyecto del Gobierno de Franco para eliminar la pobreza en Paraguay.

En el capitulo resolutivo, la maestra Reinalda que había redactado el documento, incluyó una amplia referencia a los beneficios que podría otorgar el hallazgo de tanto tesoro y su capitalización en un 50 por ciento a favor de la Municipalidad, para algunos planes específicos, a citar,  ( y se copia textual) ,  “entrega de una moto-carro a cada pobre reinante en el distrito”, “ construcción de soluciones habitacionales en el Barrio Mburucujazz” , “Construcción del portal de entrada al distrito, con una fuente de agua, dos leones y una replica de la Virgencita del Carmen de 20 metros de altura”, “apoyo al deporte con entrega de aportes para la edificación del Estadio Hermeregildo Urruttia , justamente en el año del 5to aniversario de la Conquista de la Copa del Buey, conquistada por los muchachos del pueblo” y finalmente una importante inversión destinada “ a la promoción de la agricultura familiar, principamente en el incentivo de los productos tradicionales  del pueblo, el kaarurupé, la perdudilla y el taropé”.

A las 11 se inicio el movimiento en la Casona Colonial. Se retirò el Cartel de la Unesco que declaraba reliquia universal para abrir un portón accesorio de manera que pudieran entrar y salir tres retroexcavadoras. Los muebles y documentos se cargaron a un camión y se destinaron en fiel resguardo a la vivienda del concejal Hermosa.  Al mediodía llegaron las máquinas y empezó el operativo.

Al primer día, el fiscal designado de la obra, Juliancito, un muchacho que terminaba el Bachillerato en salud en el colegio del pueblo, despierto y aplicado, sobrino del Concejal Denis, informó que solo se habían registrado algunas rajaduras en la pared tras llegarse a los 4 metros en la primera jornada. A la tarde del día siguiente Julián informó que hubo un leve desplome de todo el ala oeste de la casa, pero que tejas y piso serian amontonados ( los que quedaban enteros) para su posterior utilización.

Al día siguiente se redacto un boletín que se difundió por la única radio del pueblo que señalaba que en el marco del proyecto “Todos por los pobres del pueblo”, se informaba de la caída total del edificio, pero que por otra parte, estaban muy entusiastas porque el hoyo había alcanzado los 10 metros y que al dia siguiente empezaba la segunda excavación bajo el árbol africano. “Estamos cada vez mas cerca de la prosperidad”, acababa el informe. En el pueblo se escucharon bombas de estruendo, en todos los barrios.

La maquina de Felipe ya no paraba de sonar, era un solo largo pitido que si no fuera por su dulce promesa de oro para todos hubiera sido una molestia infernal.

Es mas, el segundo día calló un rato ( por falta de baterías) y hubo una estampida en el pueblo rumbo a la excavación por el temor que sucediera lo peor: que se certificara la desaparición del tesoro! ( pase mágico maldito que los espíritus malos dueños de los tesoros producen a veces para vengarse de la voracidad material de la gente). De inmediato repusieron las baterías, volvió a sonar el pitido, pero - para mas tranquilidad - organizaron a media cuadra un altarcito a la Virgen de las Minas, donde las señoras del pueblo empezaron a rezar en voz muy alta un rosario interminable, tan persistente como el pitido.


Al quinto día por la tarde la alarma del Centro de Preservación del Patrimonio Universal, en París, sonó. Los científicos a cargo detectaron que en un país del sur de América había desaparecido totalmente del sistema de control satelital una vivienda histórica. Solo se pueden ver desde arriba unas máquinas amarillas moviéndose en el lugar – dijo en mal francés un urbanista Neozelandés que trabajaba en el monitoreo satelital permanente.

Justamente:  al sexto día se terminó la etapa denominada, “limpieza total del área de prospección” que no era ninguna improvisación sino estaba descripta en el plan del “Arqui” Leguiza.  El pozo había alcanzado los 20 metros, ya no solo correspondia al área de la vivienda sino se extendía hasta el final de la calle y toda la cancha de Volleybol del Almacén “Rey de Copa”

Un detalle. También, por razones organizativas, habían “relocalizado” el árbol africano de 260 años, que en momento en que caía algúna vecina, conocida por sus expresiones ácidas alcanzò a decir..” plaga reí nio pea”. El árbol fue depositado al fondo del patio, a resultas de la resolución que tome sobre su destino la Junta Municipal en su próxima sesión.

Para el decimo día, el cráter tenía una dimensión importante. Era todo el Barrio La Uniòn, mas porciones considerables de los barrios Mainumby y Loma Soñada, el ala norte del Cementerio y algo así como toda la cancha del deportivo 26 de Junio, menos el área grande del norte, incluyendo el arco de ese sector que permanecía firme, al igual que las banderitas de esquina, que flameaban inocentes.

El pueblo se había sumado a la frenética búsqueda del Tesoro y con palas y picos se lanzó al interior del hoyo gigantesco, miles de personas paleando al mismo tiempo en una cavidad  que para la madrugada del dia 16 ya había alcanzado  110 metros de profundidad  por 12 hectáreas de redondo, ya no existían casas en Puerto Esperanza, apenas el rio para un lado,  contenido por un frágil muro y el puesto de peaje municipal de la ruta de acceso, donde sobrevivia Diego Armando Espinoza, el único Puertoesperanceño que moraba en la superficie.

Fue en la mañana del día 13 cuando Diego Armando escuchó ese estruendo. No fue una explosión, fue un ruido sordo, a tierra, a piso, a desplome. Salió de su casilla, se saco el desteñido Kepis que rezaba “Fernández Diputado” y se rascó la cabeza para tratar de entender lo que veía enfrente. A pocos pasos el suelo se había tragado a Puerto Esperanza. Solo quedaba un inmenso cañadón y el valle abajo cubierto por el derrumbe con una falda de tierra oscura. Y Nada mas.
-       Ohó la ñande pueblo poraitè..” alcanzo a decir.
Subió su terere a un bote y navegó el rio buscando otro sitio donde seguir viviendo.-


Augusto dos Santos, 05/08/13

TODO LO QUE SE PUEDE VER DURANTE UN SEMAFORO EN ROJO AMANECIENDO AL DIA SIGUIENTE DE LA NOCHE DE BRUJAS

  Dos nubes negras, las únicas, empujan al sol y amanece. Las aves que se escuchan por las ventanas abiertas del automóvil, en la desierta a...